El informe más reciente de la Organización Meteorológica Mundial confirma que 2024 fue un año crítico para América Latina y el Caribe, una de las regiones más vulnerables al cambio climático. La región enfrentó temperaturas récord, sequías extremas en países como México, Panamá y el norte de Colombia, así como la peor sequía registrada en el Amazonas y el Pantanal. El retroceso acelerado de glaciares —incluida la desaparición del último glaciar de Venezuela— amenaza el suministro de agua para millones de personas.
Las olas de calor y la sequía impulsaron incendios forestales sin precedentes: Chile vivió su peor desastre natural desde 2010, Bolivia perdió más de 15 millones de hectáreas y Belice y otros países sufrieron incendios devastadores. También se registraron lluvias extremas e inundaciones, como en el sureste de Brasil, y una temporada inusualmente activa de tormentas en el Caribe, con huracanes intensificados por el calentamiento oceánico.
Estos impactos climáticos se agravan en un contexto de desigualdad, pobreza e inestabilidad política, incrementando riesgos como la migración forzada, los brotes de enfermedades transmitidas por vectores y la vulnerabilidad de las grandes ciudades.
Aunque hay avances —como una matriz energética regional 69% renovable y políticas urbanas innovadoras—, persisten enormes desafíos en preparación ante desastres, seguridad alimentaria y resiliencia agrícola. El informe subraya la urgencia de fortalecer la investigación, el financiamiento y las políticas para proteger a la población, asegurar la salud y contribuir a la seguridad alimentaria global sin degradar los ecosistemas únicos de la región.