Establece el marco para incorporar la gestión climática en las decisiones públicas y privadas, orientando el desarrollo hacia sendas bajas en carbono y resilientes al clima. Su estrategia de desarrollo rural articula medidas de adaptación y mitigación para el sector agropecuario, promoviendo sistemas productivos adaptados a sequías, inundaciones y temperaturas extremas, la intensificación ganadera sostenible, los sistemas agroforestales y el cierre de la frontera agrícola. La política impulsa la generación de información agroclimática para orientar calendarios de siembra, fortalecer la asistencia técnica a productores y desarrollar mecanismos de seguros climáticos. Se enmarca en la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) de Colombia y la Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono, apuntando a reducir las emisiones del sector rural, que concentra la mayor parte de las emisiones nacionales, al tiempo que eleva la resiliencia de los productores frente a los riesgos climáticos.