Datos o hechos estadísticos sobre la situación y perspectivas de los sistemas agroalimentarios e impacto de las políticas
Más del 20 % es la probabilidad estimada por la NOAA de que ocurra una versión extrema de El Niño, aunque especialistas advierten que aún existe incertidumbre.
1997 fue la última vez que la Argentina observó una variante extrema de El Niño, asociada con lluvias intensas, inundaciones y daños en zonas urbanas y agropecuarias.
60 % es la probabilidad cercana que otorga el Enfen para un evento El Niño de magnitud débil en Perú durante 2026.
En las últimas semanas, la anomalía de la temperatura superficial del mar (TSM) en la región Niño 3.4 se situó cerca de +0,5 °C, es decir, en el límite de la fase de El Niño. (Servicio Hidrometeorológico de Guyana, 2026).
Modelos climáticos indican que el evento de El Niño 2026 podría ser el más fuerte registrado. Se estima al menos 50% de probabilidad de un evento "fuerte" o "muy fuerte" en el invierno boreal, con temperaturas +2°C(Alessi,2026)
Los años 2023-2025 promediaron más de 1,5°C sobre niveles preindustriales, con 2024 siendo el año más cálido registrado. Un super El Niño sobre esta base agrava los impactos en rendimientos agrícolas del Caribe, que genera sequías, olas de calor y estrés hídrico.(Alessi,2026)
100 millones de personas en ALC enfrentan escasez hídrica pese a que la región concentra el 34% del agua dulce renovable del planeta (FAO, 2026).
0,6 y 1,7 puntos porcentuales podría reducirse el PIB de países andinos por El Niño, afectando agricultura, energía hidroeléctrica y logística, con el sector agrícola absorbiendo hasta el 82% de daños en sequías (Castellanos, 2026).
50% de la energía en América Latina proviene de hidroeléctricas, exponiendo fuertemente a la región ante El Niño; las sequías obligan a encender plantas térmicas más costosas, elevando los costos de producción agrícola (Castellanos, 2026).
26% de los daños por desastres climáticos en ALC los absorbe el sector agrícola en promedio, y hasta el 82% en sequías; además, el calentamiento del Pacífico ecuatorial impacta la pesca costera del Caribe (Castellanos, 2026).